La sorpresa y lo cotidiano
2008 Octubre 19
Leo en El Lolaberinto una historia que me llama la atención. Es curioso como abandonamos la sorpresa de lo cotidiano para ensalzar la de lo inusual. Y el que lee dirá, es cierto y lógico. Y yo digo, que sí, que vale. Pero este post al que me he referido en la tercera y cuarta palabra de este párrafo me lleva a ese espacio de “lo de cada día” que nunca debe dejarse atrás enmascarado entre las luces de neón o las guirnaldas de las sorpresas.
Cojo el testigo, si así se me permite, y enuncio algunas cosas de esas que no todos saben hacer, y no son grandes habilidades:
- No mentir. Puede ser a priori un valor, pero creo que las mentiras piadosas son necesarias.
- Recordar los sueños. Yo no me acuerdo casi de ninguno.
- Montar en bici. Hay personas que nunca lo hicieron y ya nunca lo intentarán.
Dejo mi lista para que otros continúen pensando en lo cotidiano, que nunca está de más.




Bueno, lo de recordar los sueños quizá es algo que depende un poco más de la persona (dicen los psicólogos que los sueños se recuerdan más cuando vivimos épocas un tanto inestables o cuando te despiertan en mitad de uno, si duermes bien y tranquilo, lo normal es que el cerebro lo vuelva a olvidar). Lo de montar en bici, jeje, sí, es verdad que a alguno que otro no le enseñaron de pequeño y ya de mayor es un poco difícil…
Un saludo
Recurriendo a que “NAda es absoluto todo es relativo”, Acepto lo de no mentir pero mentir un poco…
Nadar, sería otra cosa que el que no lo hizo de niño, será costoso hacerlo de grande.
Escribir alguna carta manuscrita y volver a pegar una estampilla en el sobre de envío.
Sentarse en el jardín, simplemente para hacer nada.